Tubersirenos Seguir la corriente
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Kelpie se despertó en el lecho marino de la preciosa poza en la que vivía, cerca de la glicinia llorona. La poza era apacible y perfecta, y en ella nunca cambiaba nada. Eso hasta que un día descubrió una perla dorada y reluciente en su jardín de col marina.
Kelpie fue a ver a sus amigos Tubersirenos para ver si determinaban de quién podría ser la perla. Decidieron que una perla tan brillante debía estar hecha de Flujo, así que se propusieron preguntar a todas las criaturas flujorescentes del mar si se les había perdido una perla.
Ariel acudió a la poza de marea poco profunda en la que vivía la Flujopepina marina para ver si la perla era suya. La Flujopepina había estado mascando plancton todo el día. No le faltaba ninguna perla.
Nori fue a la cama de algas marinas en la que dormían la siesta unos rufianes de mar flujorescentes. Les preguntó si se les había perdido una perla, y dijeron que "nanai".
Jelly fue a hablar con el pez flotante de flujo. Invitó a Jelly a jugar al tenis tentacular, pero no se le había perdido ninguna perla.
Finalmente, Kelpie viajó a las profundidades del mar para hablar con la Flujalmeja gigante. La Flujalmeja estaba llorando, porque llevaba décadas trabajando en un proyecto especial, solo para acabar descubriendo que se había perdido. Kelpie le enseñó su perla a la Flujalmeja gigante.
"¿Es esto lo que perdiste?", le preguntó.
La Flujalmeja se puso tan contenta al ver su perla que la agarró fuertemente entre sus conchas.
Kelpie se alegró mucho de poder devolverla.
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