La Orden del amor por Asaani Freebooter
Book
Basado en una historia real.
Asaani Freebooter vive en las montañas Opoc con sus dos miaupales y su esposa, Zarina. Originalmente era una vigilante de la Orden Unida de la república paliana, y escribió "La Orden del amor" según sus propias experiencias durante sus años de servicio. Tras retirarse de la Orden con honores, publicó su primera novela, "El embate de la víbora", y se labró rápidamente un nombre en el panorama literario paliano. Le gusta la escalada, el senderismo y la pastelería.
(Hojeas el libro y te detienes en un capítulo particularmente interesante).
Capítulo 32: La elección
Zanira está de pie frente a mí, con las orejas pegadas a la cabeza. Noto un cosquilleo en los dedos y quiero acercarme y rascárselas, como he hecho tantas noches. A lo mejor se le erizaría un poco la cola, se le dilatarían las pupilas, le temblarían los bigotes mientras una agradable sensación le recorre la espalda, pero sé que no es el momento. No lo es, porque sostiene un cañón Grimalkin y yo llevo la insignia de la Orden en el pecho.
"Lo podemos solucionar", propongo, y veo que se aferra al arma con más fuerza. ¿Sería capaz de llegar a apretar el gatillo? ¿Después de todo por lo que hemos pasado en común, y en nombre de una organización que nunca la ha querido?... ¿Lo haría yo en su lugar?
"¿Tú crees?". Pregunta Zanira. "¿Crees que tu gente te lo permitiría? ¿Y la mía me lo permitiría a mí? Somos enemigos, Naasai. Si no hago esto..." y entonces eleva el cañón, apuntando a la nave que tengo detrás. "Nunca seré libre. La deuda sigue acumulándose, creciendo sin parar. Nunca lograré tener un apellido".
"¿Y eso quién lo dice? La Orden, el Cártel... Ambos nos han arrebatado nuestros apellidos. Pero ¿quién dice que no podamos elegir unos nuevos? Pero ¿quién dice que no podamos elegir unos nuevos? ¿Qué nos impide hacerlo?". Lo único que quiero es que llegue a entenderme. Hacerle ver que esta vez no tenemos por qué recorrer el camino que se abre ante nosotros. Me muerdo el labio y trago saliva mientras bajo las runas que tenía preparadas en la mano. El humo se abre paso entre nosotros desde las ruinas del fuerte, obstaculizando mi visión. Doy un paso adelante con las manos tendidas, vacías, pero con el ardiente deseo de que ella las encuentre.
"Puedo ayudarte. La Orden puede ayudarte".
"¿Cómo?". La voz de Zanira se quiebra mientras se reduce la firmeza con la que sostiene el cañón. Me adentro en su espacio y la abrazo, con el mentón apoyado en el suave pelaje con el que adorna su cabeza.
"Es muy sencillo. Solo tienes que dejarme amarte".
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